9 de abril de 2009

La única mujer

No podré encontrar mejor mujer... al parecer es cierto.

Me niego a una afirmación tan estúpida hecha hace ya tiempo. Cuando todo a mi alrededor era desgracia, solo por una pequeña luz que aun me guía, me lo dijeron. No lo creí hasta hoy, hoy que regreso de mi descanso y regreso a mi vida cotidiana. No lo creí hasta que volví a ver su rostro.

Cada vez que veo confianza en algunos ojos, su recuerdo es obligado. Cada vez que pienso en alguien que me inspire admiración, tiene que ser ella. No puedo creer todo lo que implica pensar en ella.
Implica pecado en mi "religión", implica amor y a veces implica odio.

Ese odio no puede ser otro que hacia mí mismo, hacia el lado más oscuro que he podido mostrar. Pero hoy no quiero recordarlo, prefiero perderme otra vez en un mundo ideal, una utopía que si existió, un mundo que ahora es un recuerdo. El sentimiento es profundo pero solo existente al ver su imagen, al recordar lo bello, al visualizarla.

Me veo más maduro y no dejo de pensarla, pero ahora todo es diferente. Parece que me he redimido y que ahora es solo un recuerdo. Un recuerdo... más bien una marca, de niguna manera maligna; me marcó para mejorar, para no cometer más errores y crecer aun más. Con el trabajo que he puesto espero haber conseguido tal crecimiento.

Y es que, aun falta mucho camino por recorrer, camino que para mi fortuna, lo recorro acompañado. No puedo perderme en un tramo de mi vida, estancarme en el pasado sin poder disfrutar el presente es, impensable.

Es cierto, no he podido encontrar mejor mujer. Pero no estoy buscándola, trato de convertirme en mejor hombre por medio de su enseñanza. No he encotrado mejor mujer pues la única mujer que me hizo ver la belleza de toda mujer, me ha enseñado el amor tal y como es. Solo puedo dar gracias y no pedir perdón, se que no puedo merecerlo.

Gracias por entregarte, por enseñarme, por guiarme y por importarme. Pero ahora, tu marca es la que perdura.