
Acabando el último libro impuesto por el profesor de Lengua Española, es necesario hacer una reflexión sobre lo que ha sido leído. Una obra magnífica de Federico García Lorca, que aunque de poca extensión, marca un estilo de vida que algunas personas aun podrán recordar.
Todo impuesto por una mano de hierro, en este caso de una mujer, basándose en reglas conforme a los hombres. La mujer muchas veces no era más que una sirvienta, criada para satisfacer cualquier capricho de su marido.
Y tal vez ahora podemos ver un cambio que ha sufrido la sociedad. Un cambio paulatino y tal vez, en favor del sexo femenino. La mujer cada día tiene más derechos.
Pero las mujeres han reclamado el maltrato qué se les ha dado; y no será una excusa, pero debido a mujeres como Bernarda Alba y aun con el matriarcado que viven algunas familias, la mujer ha sido despreciada. No se le dio el valor que merecía, el pilar de la familia y se le consideraba otro objeto en el hogar.
El hombre no puede negar mayor divinidad en la Tierra que aquella que poseé toda mujer.
No se si Federico García Lorca buscó plasmar un poco de esta idea que salió de mi cabeza loca, pero seguramente más de uno podrá ver la importancia de qué todo personaje sea mujer. Tan complicado como sea, hay que develar las diferentes facetas de una mujer y que en esta obra, en opinión de un simple admirador de la feminidad, Federico García Lorca logra mostrar de manera magistral.

