Pasas por los momentos más malditos y oscuros a los que te has sometido. Despiertas y te levantas de tu cama; cualquier otro día te hubieras dirigido directo a la regadera, agua fría para comenzar activo el día. Pero hoy es diferente, sientes pesados los ojos y optas por retirarte con la suciedad de la cama. Has llegado a la escuela, trabajo, club; donde sea que se te haya citado. Normalmente charlarías con los amigos, un pequeño chiste sobre cualquier tema actual y continuarías con las labores. Hoy simplemente llegas a tu sitio de trabajo y te sientas, nada más.
Notas la curiosidad de tus compañeros por saber qué pasa; tú no actuas así. Ni siquiera les diriges la mirada y respondes solo con un silencio incómodo. Optan por dejarte sólo con tus pensamientos. Pero aquel inoportuno de tu "mejor amigo" no cesa:
_¿Qué te pasa?_
_Nada y no molestes... por favor._
_Ok, ok. Pero, ¿seguro qué no necesitas nada?_
Silencio.
Sabes que la culpa vendrá después, no es necesario tratárlo así. Es de las pocas personas que se interesan en ti. Por ahora, él no te importa.
Estás concentrado en todo aquello que te quema con una culpa colosal. ¿En qué estabas pensando? En verdad, ¿uno puede ser tan maldito? Cualquier otro día hubieras pensado en tu constante cambio, el miedo a crecer y al éxito. Pero hoy has roto un mandamiento; no importa que seas ateo, la culpa de matar no tiene parecido.
_En serio, ¿qué te pasa?_
_Nadie se da cuenta, ¿verdad? Uno puede estar por ahí haciendo lo que quiera y a nadie le importa un carajo._
_Tienes problemas, graves._
_Obviamente..._
_Pero te quiero ayudar y tú simplemente, te cierras._
_Es que por ahora dudo que me puedas ayudar, ¿ok?_
Silencio.
Pero... ¿y si le pides ayuda? De algo te puede servir. Decide, ¿qué tanto quieres qué se involucre?
No hay comentarios:
Publicar un comentario